Historia

- HISTORIA DEL COLEGIO -

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FUNDADOR: Hno. Luis Alejandro Ruíz Martínez, en 1962

El Colegio La Salle de Bucaramanga fue fundado bajo el concepto de un centro educativo confesional, animado por la fe en el Evangelio y orientado según la enseñanza del Magisterio de la Iglesia Católica, fundado y dirigido por la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos De La Salle). Es un plantel de carácter privado que ofrece a los estudiantes su servicio educativo desde Pre-Jardín hasta el grado Undécimo, según resolución No. 1227 del 28 de octubre de 1999, expedida por la Secretaría de Educación del Departamento de Santander.

RESEÑA HISTORICA

Muchas familias amigas y antiguos alumnos Lasallistas deseaban el Colegio La Salle para Bucaramanga; la Comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas accediendo a tales aspiraciones adquirió los terrenos del antiguo lago llamado “Luna Park”, y los que hoy ocupa el Sena con el fin de construir allí La Salle. Como estos terrenos no reunían todas las condiciones de ubicación y extensión se pensó en otros que en 1.954 fueron adquiridos en el progresista Barrio de la Victoria. La adquisición de estos terrenos fue posible gracias a la simpatía, y espíritu de colaboración del Contralmirante Rubén Piedrahita y del Dr. Ángel María Cáceres Gerente del Instituto de Crédito Territorial, y a la generosidad de Don Hipólito Pinto, Gerente de HIPINTO.

 

El Reverendo Hermano Luciano Andrés, hombre dinámico y emprendedor, ideó en estos predios un gran Centro Educativo con cabida para un Colegio con sus futuros ensanches. Por aquella época se pensó en darle el nombre “Puerta del Sol”, sitio aledaño al terreno y muy pintoresco además; el objeto de dicho nombre era el darle a la futura fundación Lasallista tinte regional; posteriormente se desistió de dicho nombre y se adoptó definitivamente el de Colegio La Salle.

El Dr. Gustavo Ardila García inició la construcción del Colegio el 19 de septiembre de 1.958 y el 30 de julio de 1.959 se terminaban las estructuras de la primera parte de la edificación.

Además de las personas antes mencionadas que colaboraron tan eficazmente en esta obra, es justo mencionar otras que se han interesado por el proyecto de La Salle; son ellas: El Reverendo Padre Gilberto Serrano, Doctores Jorge Ahumada, Gustavo Liévano, Augusto Mora Urrea, Luis Silva Valderrama, Luis Carlos y Fernando González Mutis. Una vez más volvemos a destacar la valiosa colaboración del Contralmirante Rubén Piedrahita que como Gerente del Instituto de Crédito Territorial y Ministro de Obras Públicas se interesó en la obtención de los terrenos y en la valiosa donación de Ecopetrol.

El día 31 de marzo de 1.960 el Instituto San José inició labores y esta hermosa obra fue posible gracias a los desvelos del reverendo Hermano Luciano Andrés y a la decidida colaboración del Doctor Jorge Sánchez Camacho, Secretario de Educación de Santander.

El 13 de febrero de 1.962 inició labores el Colegio La Salle con los cinco primeros cursos de Primaria; en 1.963 duplicó su personal de alumnos contando ya con el primer año de Bachillerato y la aprobación Oficial de Primaria y del Primer año de Bachillerato.

Las Reverendas Madres del Divino Maestro, Congregación de origen Español, establecidas en Venezuela desde unos 15 años atrás, muy conocidas por su magnífica labor pedagógica, por solicitud del Hermano Luciano Andrés se logró de la Superiora de dicha Congregación el envío de seis de éstas Religiosas, quienes prestaron en La Salle su invaluable y abnegada colaboración en los primeros cursos de Primaria.

Para los años venideros el Colegio siguió contando con nuevos cursos hasta coronar una de sus metas completando el Bachillerato. La obra de terminación y adaptación del Edificio se está haciendo y con legítimo orgullo podemos decir que será una de las más espaciosas y bellas edificaciones educacionales de Bucaramanga.


En nuestra época se ha logrado la gran maravilla de la desintegración del átomo; pero parece que la humanidad quisiera desintegrar igualmente la moral, la Familia, las tradiciones, etc. Y los primeros frutos de tan funestas experiencias han sido: La turbación de los espíritus, una insaciable confusión que se traduce en caprichos ciegos, y la quiebra de los valores. 

Estos tiempos difíciles e inciertos por los cuales atravesamos exigen juventudes más capacitadas, pletóricas de entusiasmo, generosas e hidalgas, colocadas a la altura de los destinos que la Divina Providencia les señala en una época en que se abren horizontes insospechados para la humanidad.