62 jóvenes han dicho sí a la travesía de fe más importantes de sus vidas.

Aventuras, historias, relatos, sonrisas, abrazos,diálogos, talleres,confrontaciones, emociones, encontradas fueron el pretexto para hacer de esta, la mejor experiencia del año.

Villa de Leyva abrió sus brazos a un grupo de jóvenes dispuestos al encuentro con ellos mismos en presencia de Dios. La figura simbólica más representativa de esta zona del país, la amonita, se convirtió en la inspiración de cada día…su espiral que conduce hacia el centro, simbolizando el encuentro con lo más sagrado, lo más profundo, la historia y el interior del ser, hace al mismo tiempo la metáfora de salir de allí, en tener una proyección de vida inspirada desde el centro de la existencia humana: el corazón.

 

Fueron unos días espectaculares en donde se dispuso la mente y el alma para reconocer que la vida viene y va…cada lágrima los hizo más fuertes, mordieron la vida con uñas y dientes y todo empezó a cambiar. A veces los miedos y dudas les impiden ver más allá, no obstante sintieron el vuelo para que las metas no tarden en llegar. Finalmente le han comprado trajes nuevos a sus sueños y se dieron cuenta que ¡Lo mejor está por llegar!

Definitivamente gracias a la vida, al buen Dios y al equipo animador que han hecho de estos días una experiencia inolvidable.
“Mi amor es mi peso, él me lleva a donde quiera que voy… San Agustín”.

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